Así lo revela la Encuesta de Tendencia de Negocios publicada este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que recoge las evaluaciones empresariales de septiembre y las expectativas para el período comprendido entre octubre y diciembre.
El relevamiento muestra que el 66,3% de los establecimientos espera aumentar sus precios promedio de venta antes de que termine el año, mientras que el 31,4% considera que permanecerán sin modificaciones y apenas el 2,3% anticipa una disminución. Se trata de previsiones formuladas por las empresas y no de una estimación sobre cuánto podrían subir los productos.
Esa perspectiva de encarecimiento convive con una señal preocupante en el mercado laboral. El 15,1% de las firmas consultadas prevé reducir su cantidad de empleados durante los próximos tres meses, frente al 3,5% que espera incorporar personal. La relación es de más de cuatro empresas que anticipan recortes por cada una que proyecta contrataciones, aunque el grupo mayoritario, equivalente al 81,4%, no espera modificaciones en su dotación.
La combinación adquiere mayor relevancia al observar cuál es la principal dificultad que enfrenta el sector: el 66,3% de los encuestados identifica a la demanda como el factor que limita su capacidad para incrementar la actividad comercial.
Este obstáculo ganó peso respecto de tres meses atrás, cuando concentraba el 61,4% de las respuestas. El aumento de 4,9 puntos porcentuales indica que las dificultades vinculadas con la demanda adquirieron mayor importancia relativa en las evaluaciones de los establecimientos.
Las proyecciones para el cierre del año prolongan una tendencia que ya se había manifestado en septiembre. Durante ese mes, el 60,5% de las empresas informó que sus precios promedio de venta habían aumentado, el 37,2% señaló que permanecieron estables y solo el 2,3% registró disminuciones.
El contraste entre ambos períodos permite observar que la expectativa de nuevas subas está más extendida que los incrementos efectivamente reportados en el mes anterior. Sin embargo, el relevamiento no permite determinar la magnitud de esos ajustes ni establecer su impacto específico sobre la inflación. Tampoco implica que todos los establecimientos vayan a aplicar aumentos simultáneos o de igual intensidad.
En materia de personal, la encuesta arroja un balance de expectativas de -11,6 puntos porcentuales, resultado de la diferencia entre las empresas que esperan ampliar sus plantillas y aquellas que anticipan reducirlas.
El indicador expresa una inclinación negativa para el período octubre-diciembre, aunque no representa una proyección de caída del empleo de esa magnitud. Tampoco permite calcular cuántos puestos podrían perderse, porque cada respuesta corresponde a una empresa y no a una cantidad determinada de trabajadores.
Esta distinción resulta central para interpretar los resultados: la mayoría de los establecimientos espera conservar su dotación, pero el número de empresas que contempla ajustes de personal supera ampliamente al de las que proyectan nuevas contrataciones.
En paralelo, las perspectivas de actividad no muestran una expectativa generalizada de recuperación que impulse decisiones de expansión. Para el último trimestre, el 72,1% de los consultados prevé que su situación comercial continuará igual, el 22,1% espera una mejora y el 5,8% considera que empeorará.
La cautela también aparece en los pedidos a proveedores. Otro 72,1% anticipa mantener sin cambios el volumen de compras, mientras que el 17,4% proyecta incrementarlo y el 10,5% espera reducirlo. Esto deja un balance positivo de 7 puntos, pero con una clara predominancia de la estabilidad sobre los planes de expansión.
El peso que adquirió la demanda resulta especialmente significativo cuando se compara con el resto de los factores mencionados por las empresas.
Los costos laborales aparecen en segundo lugar, con el 14% de las respuestas, una proporción considerablemente inferior a la registrada por la demanda. Además, perdieron importancia relativa frente al 19,3% relevado tres meses antes.
Detrás se ubican el costo del financiamiento, con el 7%; la competencia dentro del propio sector, con el 5,8%; y el acceso al crédito bancario, con el 2,3%. Los problemas de suministro representan apenas el 1,2%, mientras que ninguna empresa identificó la superficie de ventas o la capacidad de almacenamiento como principal limitación.
La comparación evidencia una característica del escenario comercial actual: los obstáculos relacionados con la demanda predominan sobre las restricciones operativas, laborales y financieras cuando los empresarios deben identificar qué les impide aumentar la actividad.
Al mismo tiempo, el 26,7% de los encuestados señaló que la competencia en su sector había aumentado durante los últimos tres meses, frente a un 7% que percibió una disminución. Para el 66,3% restante, no hubo cambios.
Las respuestas sobre el desempeño reciente ayudan a comprender por qué las expectativas de expansión resultan limitadas. En septiembre, el 37,2% de los supermercados y mayoristas calificó como mala la situación comercial de su empresa, mientras que el 57% la consideró normal y únicamente el 5,8% la evaluó como buena.
La diferencia entre las opiniones positivas y negativas dejó un balance de -31,4 puntos porcentuales, reflejo de un presente comercial en el que las evaluaciones desfavorables mantienen una amplia ventaja.
Las restricciones crediticias completan ese panorama. El 33,7% señaló que acceder al crédito resulta difícil, frente a apenas el 1,2% que lo considera fácil. Para el 65,1%, las condiciones de financiamiento son normales.
Por otra parte, la situación de los inventarios aparece relativamente equilibrada. El 60,5% informó niveles de existencias normales, el 20,9% por debajo de lo habitual y el 18,6% por encima.
El conjunto de estas evaluaciones se refleja en el Indicador de Confianza Empresarial (ICE), que en septiembre se ubicó en -4,3%.
El índice combina tres componentes: la evaluación de la situación comercial actual, las expectativas de evolución para el trimestre siguiente y la percepción sobre el nivel de existencias.
Su resultado negativo responde principalmente al deterioro de la evaluación del presente, que contrasta con el balance favorable de las expectativas comerciales futuras, situado en 16,3 puntos porcentuales.
De esta manera, el sector llega al cierre de 2026 con una perspectiva de estabilidad o mejora moderada de sus negocios, pero sin señales extendidas de expansión del empleo. Las previsiones de aumentos de precios y la demanda identificada como principal obstáculo completan un escenario en el que las expectativas comerciales positivas todavía no se traducen en planes generalizados de crecimiento.





