Que sepan hacer un balance en un sistema, pero que entiendan el esfuerzo y las personas que hay detrás de cada número.
En mi secundaria me enseñaron a hacer todo a mano para que, cuando llegara la máquina, fuera yo quien la manejara y no al revés. Esa sigue siendo la tarea. No se trata de volver a formar peritos mercantiles, sino personas que, aunque el mundo pase de la 286 a la inteligencia artificial, sigan sabiendo quiénes son, de dónde vienen y para qué están.
En su mensaje de 2024 sobre la inteligencia artificial, el papa Francisco advirtió que vivimos una época que corre el riesgo de ser “rica en tecnología y pobre en humanidad”. Y León XIV, en Magnifica humanitas, su primera encíclica, nos dejó una consigna que bien podría estar en la puerta de cada aula: “Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos”.
Elegimos estar. También en este futuro que ya llegó.