Su primera estancia en el país fue de apenas 32 dos horas, del 11 al 12 de junio, y lo hizo para “orar por la victoria de la paz sobre la guerra”, una gira que había incluido previamente también a Inglaterra en un llamamiento a poner final al conflicto bélico.
“En este espíritu permitidme que en este momento evoque la paz de Cristo, sobre todas las víctimas de ambos bandos del conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña, que muestre mi afectuosa cercanía a todas las familias que lloran la pérdida de algún ser querido, que solicite de los gobiernos y la comunidad internacional medidas aptas para evitar daños mayores, sanar las heridas de la guerra y facilitar el restablecimiento de los espacios de una paz justa y durable y la progresiva serenidad en los espíritus”, se lee sobre el discurso papal en las publicaciones de la época en El Territorio.
A su vez, hacía un llamado a la humanidad a “interrogarse una vez más sobre el absurdo y siempre injusto fenómeno de la guerra en cuyo escenario de muerte y dolor sólo quedan en pie la mesa de negociación que podía y debía evitar”. Dos días después de su visita concluyen las hostilidades en las Islas Malvinas.
La segunda venida de Juan Pablo II sí fue más extensa e incluyó seis días, del 6 al 12 de abril de 1987; visitó la Capital y diez provincias y ofreció más de 20 discursos. Al igual que lo había hecho la primera vez, el mismo día de su llegada, se asomó al balcón de la Casa Rosada y saludó a una gran cantidad de fieles que se habían juntado en Plaza de Mayo.
Como puntos destacados de su gira se encuentran su paso por Corrientes, donde el 9 de abril lo esperaban miles de fieles bajo una lluvia intensa. Allí su palabra estuvo centrada en la religiosidad popular. También la del domingo 12 cuando un millón de personas lo esperaban en la 9 de Julio de Caba para el cierre de la Jornada Mundial de la Juventud y la misa de Ramos, que por primera vez no fue celebrada en el Vaticano.
“La alusión del Papa al espinoso tema de los desaparecidos -actualmente en revisión ante los estrados judiciales- aparece como una tácita respuesta pontificia a los reclamos de organismos defensores de derechos humanos -muchos de ellos directa o indirectamente vinculados a la Iglesia-, a los cuales no recibió en audiencia ‘por falta material de tiempo’, según explicó la Curia”, se leía en las páginas de este medio.
En esa oportunidad, Juan Pablo II también “resaltó la posición vaticana en favor de la indisolubilidad matrimonial y abogó por ‘un matrimonio que dure hasta la muerte’”, esto en el contexto de un país que debatía recuperar una ley que fue derogada tras el golpe de Estado de 1955.
Estreno del puente internacional en 1988
Al año siguiente de su última visita a la Argentina, Juan Pablo II viajó a una Paraguay que estaba bajo el régimen del dictador Alfredo Stroessner. Lo hizo del 16 al 18 de mayo y una de las ciudades que visitó fue Encarnación.
Este acontecimiento marcó un hito para Misiones, especialmente para Posadas, porque propició el estreno del puente internacional, que en aquel entonces todavía no se llamaba San Roque González de Santa Cruz, es más, fue durante esta visita que el sumo pontífice lo canonizó y lo convirtió en el primer santo paraguayo. El viaducto fue inaugurado oficialmente el 2 de abril de 1990.
En un artículo de El Territorio de ese entonces se titulaba “2.300 peregrinos estrenaron el puente”. En el artículo se cuenta además que los fieles se trasladaron en 24 colectivos y que se montó un operativo de seguridad en la cabecera del puente entre la Red de Emergencia Provincial y Gendarmería Nacional, que se retiró al regreso del grupo que había sido movilizado por el Obispado de Posadas.
La comitiva oficial había sido encabezada por el gobernador de la provincia, Julio César Humada y el ministro de Gobierno, Hugo Roberto Caballero.
Luego, 27 años después, ese mismo puente fue el protagonista del camino de fe de cientos de misioneros que con el corazón anhelante, fueron al encuentro de Francisco, el papa argentino que no llegó a regalar su presencia en suelo celeste y blanco. En Caacupé lo esperaron 500 mil personas para celebrar la misa de consagración; los misioneros estuvieron presentes y algunos durmieron en la calle varios días antes esperando para verlo. Periodistas de este medio tuvieron el privilegio de relatar en primera persona los sucesos de aquellos días de julio de 2015.
No fue, sin embargo, la única visita latinoamericana de Francisco: en 2013 convocó a miles de jóvenes en Río de Janeiro en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud. Fue el primer viaje internacional del papa Francisco a pocos meses de iniciar su pontificado. Allí recorrió las calles en un coche sencillo sin blindaje, visitó una favela local y dejó mensajes memorables a los jóvenes sobre “hacer lío” y no mirar la vida desde el balcón.