Lo que debió haber sido una jornada deportiva y de esparcimiento para las familias de nuestra localidad estuvo a punto de convertirse en una verdadera tragedia por la absoluta irresponsabilidad organizativa. En la tarde de este sábado, la cancha ubicada sobre la Costanera María Auxiliadora fue escenario de un episodio insólito y alarmante que vuelve a poner en evidencia el accionar de la Liga Municipal.
Durante el desarrollo de uno de los encuentros programados, el balón cayó al arroyo Garupá. Lejos de disponer de la pelota de repuesto o aplicar un protocolo mínimo de sentido común, la indicación de la organización fue tajante: el partido no continuaba si la pelota no volvía del agua.
Ante la insólita exigencia y la inacción de una masa de hombres que solo atinaba a mirar, una "corajuda" vecina tomó la temeraria decisión de arrojarse a las aguas para recuperar el esférico de la comuna. Sin embargo, lo que parecía un rescate heroico derivó rápidamente en momentos de extrema angustia. Una vez en el cauce del arroyo —conocido por sus peligrosas corrientes y profundidad—, la mujer dio señales visibles de agotamiento. Fue gracias a la rápida intervención de un conocido vecino y jugador, que también se tiró al agua, que el episodio no terminó en un desenlace fatal. Ambos salieron sanos y salvos, y la preciada pelota retornó a la cancha.
Este suceso, que rápidamente circuló a través de imágenes tomadas por los asistentes, no es un hecho aislado. Es el síntoma de un esquema organizativo que opera al límite, respaldado por autoridades municipales que una vez más dan la nota por su negligencia y falta de previsión.
Resulta incomprensible que torneos promocionados desde la órbita municipal que tienen altos costos para los participantes no cuenten con elementos básicos de logística, dejando a los propios vecinos a merced de situaciones que rozan el peligro mortal.
Asimismo, la institución deportiva arrastra un tendal de cuestionamientos. Sin ningún tipo de control o marco regulatorio transparente desde el Concejo Deliberante, los torneos locales vienen siendo señalados de forma recurrente por atropellos, aprietes a delegados y arreglos de dudosa legalidad.
El bochorno de la costanera no fue la única mancha de la jornada. En paralelo, en la cancha del Barrio Nuevo se registraron serios incidentes motivados por las reiteradas controversias con los fallos arbitrales y las decisiones de la cúpula organizativa. El clima de hostilidad y los desbordes habituales fundamentan con creces por qué en los barrios ya se la bautizó abiertamente como la "Liga del Peligro".
Es momento de parar la pelota. Las autoridades municipales y el cuerpo deliberativo no pueden seguir haciendo la vista gorda ni avalando competencias informales que someten a la comunidad a riesgos innecesarios. Si no se audita, regulariza y sanciona la conducción de estas actividades, Garupá no tardará en lamentar una desgracia evitable.





