Rosario Central gritó campeón en el estadio Madre de Ciudades al adjudicarse la Supercopa Internacional tras derrotar por 3-1 a Estudiantes de La Plata. El equipo rosarino logró recuperarse de un arranque adverso y terminó festejando en medio de una definición accidentada y repleta de polémica.
El partido comenzó con máxima intensidad y rápidamente a favor del conjunto platense: al primer minuto de juego, Alexis «Pucho» Castro abrió el marcador y puso en ventaja a la escuadra dirigida por Alexander Medina. Sin embargo, la primera parte se transformó en una verdadera pesadilla para el León debido a una serie de infortunios físicos.
A poco del inicio, el uruguayo Gabriel Neves sufrió la probable fractura de su muñeca luego de una mala caída al disputar un balón en la mitad de la cancha, lo que obligó a su atención inmediata y posterior traslado en ambulancia. En su lugar ingresó Jalil Elías; no obstante, apenas ocho minutos después, el exjugador de San Lorenzo se lesionó al intentar cortar un contragolpe de Rosario Central y debió abandonar el campo. De esta manera, el «Cacique» Medina se vio forzado a agotar dos ventanas de modificación en tan solo 18 minutos de juego.
Rosario Central aprovechó el desconcierto rival y encontró la igualdad a través de la jerarquía de Ángel Di María, quien ejecutó un tremendo golazo de tiro libre para marcar el 1-1. A poco del cierre de la etapa inicial, el árbitro Darío Herrera sancionó un polémico penal a favor del Canalla a instancias del VAR. Nuevamente «Fideo» Di María se hizo cargo de la ejecución, capitalizó la pena máxima y dio vuelta el resultado a favor de los rosarinos.
En el complemento, la preocupación física continuó para Estudiantes, ya que a los 20 minutos de la segunda mitad, el delantero Guido Carrillo sintió una molestia y pidió el cambio. El estado del atacante resulta clave de cara al exigente calendario que se le avecina al Pincha, enfocado en los cuartos de final de la Copa Argentina y la semifinal de la Copa Libertadores.
El tramo final del cotejo guardaba la mayor cuota de dramatismo. En la última jugada del partido, con el arquero Fernando Muslera volcado al área rival en busca de un empate agónico, la defensa de Rosario Central rescató la pelota y armó la contra para que Julián Fernández sellara el 3-1 definitivo.
Durante el festejo de la última conquista se desató un tumulto y se armó un violento encontronazo entre los futbolistas de ambos planteles. El partido concluyó en un verdadero escándalo, marcado por la invasión de cancha de Juan Sebastián Verón, quien ingresó al campo de juego para recriminarle enérgicamente su actuación al juez principal, Darío Herrera.





