“Una de las cosas que venimos compartiendo desde hace algunos años es que, previo al inicio del ciclo lectivo y también durante el año, este tema aparece y lo venimos trabajando tanto con docentes como con alumnos”, señaló Padilla. En ese sentido, remarcó que el ministerio considera “fundamental y vital el involucramiento de la familia al momento de la toma de conciencia”.
El funcionario aclaró que desde el Estado no se plantea una postura contraria al festejo en sí. “No estamos en contra de la fiesta, de ese encuentro que los chicos consideran importantísimo para su vida y para su futuro, sobre todo cuando están por iniciar su último año del secundario”, indicó. Sin embargo, fue enfático al marcar un límite: “Ese encuentro no debe estar marcado por situaciones que muchas veces terminan siendo noticia, sobre todo por los excesos que suelen ocurrir”.
Padilla sostuvo que el UPD debe ser entendido como “un día de prevención, un día para tomar conciencia”, y subrayó nuevamente el rol central de la familia. Al referirse a los operativos policiales registrados en años anteriores, dónde la policía secuestraba conservadoras con cantidades increíbles de alcohol, incluso en manos de menores. “Si eso sucede es porque hay algún adulto responsable que no cumplió con su responsabilidad”, afirmó.
En esa línea, habló de una “responsabilidad compartida” entre familias, Estado y comunidad educativa. “Si una bebida alcohólica llega a manos de un menor, es porque hubo un adulto que la facilitó”, remarcó. También explicó que muchas de estas celebraciones se realizan en ámbitos privados —casas particulares o quinchos—, lo que limita la intervención directa del Estado. “Son espacios privados donde el Estado no siempre puede meterse”, señaló, aunque aclaró que sí puede hacerlo cuando hay menores consumiendo alcohol, ruidos molestos u otras situaciones previstas por la normativa.
El ministro advirtió además sobre una práctica habitual entre los jóvenes: la organización de festejos en “ubicaciones secretas”, precisamente para evitar controles.
Padilla contextualizó el fenómeno del UPD como una costumbre relativamente reciente. Por eso, consideró clave hablar del tema abiertamente, tanto con estudiantes como con familias. “Después de situaciones que fueron muy públicas, muchas familias nos pidieron charlas porque no estaban informadas. Decían genuinamente: ‘No sabía que podía pasar eso o que podía terminar así’”.
En cuanto al consumo, aportó datos de la última Encuesta Nacional en Escuelas del SEDRONAR: “En los dos primeros lugares aparecen las bebidas energizantes, con un 76%, y luego las bebidas alcohólicas. Esto quiere decir que el consumo está muy normalizado entre jóvenes de 14 a 16 años”. Para el ministro, ese dato refuerza la necesidad de trabajar de manera sostenida en prevención.
Durante 2025, se registraron alrededor de 300 demoras de adolescentes luego de festejos del UPD, en su mayoría vinculadas a encuentros en casas privadas, la vía pública o quinchos alquilados. “Está instalado como una tradición asociada al inicio de clases y no podemos negar que ocurre”, sostuvo. Por el contrario, propuso aceptar y pensar alternativas: actividades organizadas desde las instituciones o propuestas que permitan canalizar el encuentro sin excesos.
Padilla destacó que Misiones es “una provincia muy joven” y que el mensaje apunta especialmente a quienes comienzan quinto año. “No se trata de negar la realidad, sino de hablar, ofrecer alternativas y asumir responsabilidades”, afirmó. También recordó que existen protocolos claros en las escuelas ante la detección de consumo de sustancias legales o ilegales, y que esos lineamientos se trabajan de manera articulada con el Ministerio de Educación y el Consejo General de Educación.
Finalmente, el ministro repasó las acciones que se vienen desarrollando desde su cartera: campañas en redes sociales, capacitaciones a docentes, talleres para padres y un trabajo específico con alumnos de sexto y séptimo grado para reforzar conceptos antes del ingreso a la secundaria. “Capacitamos a cerca de 700 personas de servicio de toda la provincia, que conocen muy bien a los chicos y son piezas fundamentales dentro de las instituciones”, detalló.
“Siempre decimos que la responsabilidad es compartida. No hay una mirada punitiva, pero sí un llamado a una actitud responsable, primero de los adultos y luego de los propios jóvenes”, concluyó Padilla, al insistir en que el UPD puede resignificarse sin poner en riesgo la salud y la integridad de los estudiantes.

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