Los electores estadounidenses le asestaron un duro golpe al gobierno de Donald Trump en las elecciones de medio término. La oposición demócrata logró revertir las mayorías y se quedó con el control del Senado y de la Cámara de Representantes, lo que abre una etapa de estricta fiscalización legislativa e imprevisibles consecuencias políticas para los últimos dos años de mandato en la Casa Blanca.
El propio presidente ensayó una justificación rápida a través de las redes sociales para tomar distancia del resultado desfavorable: “¡Yo no aparecía en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, hubiéramos ganado por una victoria aplastante!”. Sin embargo, el impacto del escrutinio obligó al mandatario a cambiar el tono pocas horas después. En diálogo con la prensa, Trump se mostró conciliador: “Estoy absolutamente dispuesto a aceptar los resultados y preparado para trabajar con los demócratas. Probablemente llegaremos a algún acuerdo”.
La denominada “ola azul” se consolidó con triunfos claves en estados decisivos como Texas, Kansas, Iowa, Georgia, Virginia, Nuevo Hampshire, Carolina del Sur, Ohio y Carolina del Norte. Los referentes opositores alcanzaron rápidamente un piso de 52 bancas sobre las 100 del Senado, un número suficiente para asegurar el liderazgo de la Cámara alta.
Desde el entorno del mandatario admitieron la complejidad del escenario tras la derrota. Un alto funcionario de la Casa Blanca reconoció el clima hostil dentro del equipo de gobierno: “El ambiente en la Casa Blanca es desafiante. Trump no estaba en la papeleta”. A su vez, el mismo vocero remarcó que la elección de los nombres propios jugó un rol determinante en las urnas: “Además, la calidad de los candidatos importa. El presidente hizo más por promocionar a muchos de ellos que ellos mismos”.
Las contiendas estatales dejaron marcas inéditas. En Carolina del Norte, el demócrata Roy Cooper superó a Michael Whatley y se quedó con el escaño que dejó vacante el republicano Thom Tillis. En Carolina del Sur, la candidata Annie Andrews sorprendió al vencer a Darline Graham en un distrito históricamente conservador. Ante la trascendencia de ese resultado, el dirigente Pete Buttigieg celebró el avance en sus redes sociales: “¡No existe tal cosa como un estado permanentemente rojo! La victoria de la Dra. Annie Andrews demuestra que los demócratas podemos ganar en cualquier lugar cuando nos presentamos y trabajamos duro”.
Por su parte, en Texas, el legislador James Talarico aventajó por 12 puntos al fiscal general Ken Paxton, mientras que Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott para convertirse en la primera mujer hispana al frente de la gobernación texana. En Kansas, Adam Hamilton quebró una hegemonía republicana en el Senado que se mantenía firme desde 1932 al derrotar a Roger Marshall.
El descontento con el rumbo económico terminó por volcar la balanza en contra del oficialismo. Las encuestas a boca de urna reflejaron que seis de cada diez votantes desaprobaron la gestión presidencial, impulsados por la suba del costo de vida y los combustibles. Pese a que el mandatario prometió en el tramo final de la campaña la entrega de cheques de 5000 dólares para los adultos en caso de retener el Congreso, la propuesta no alcanzó para contener el malestar social.
Con este nuevo esquema de poder que entrará en funciones el 3 de enero, el Ejecutivo norteamericano ingresa en la etapa conocida como el “pato rengo”, con su capacidad legislativa debilitada. La oposición no solo tendrá la facultad de frenar iniciativas del gobierno, sino también de interpelar a sus funcionarios e investigar las medidas de la administración, lo que obligará a la Casa Blanca a negociar cada proyecto o recurrir al veto presidencial. Con información de La Nación.




