Desde hace mucho tiempo hablamos de los mismos problemas y las mismas posibles soluciones; es como si un rato creyéramos en unos y luego en otros, pero nada da el resultado esperado. Hasta ahora solo se puede percibir que todos quieren llegar, pero nadie está cerca de la gente como para generar la expectativa necesaria que termine en un voto de confianza. Solamente se intenta instalar la figura de estar en contra de uno o de otro, como si eso significara una salida a la situación.
Aunque los dirigentes lo nieguen porque no les conviene, es absolutamente cierto que en el sentir del vecino nadie está a la altura de lo que se necesita; de ahí que hasta un gobierno casi inexistente como el de Ripoll hijo tiene posibilidades de estar en la discusión. Justamente esto ocurre porque no se muestran salidas hacia adelante, solo bandos egoístas, cosa que no lleva a ningún lado y nos deja con suerte en el mismo lugar. Garupá ya no tiene margen para antagonismos, ni para autopercibidos "Lula" a los que les cuesta hasta la pronunciación; es el tiempo de la unidad y del debate de ideas, con la participación de todos, principalmente jóvenes y también los más grandes, pero discutiendo modelos de ciudad, no cuestiones personales.
Con el aumento de coparticipación, el gobernador Passalacqua ha dado una inmensa muestra de apoyo a los vecinos de Garupá, no al intendente. Eso se debe entender y actuar en consecuencia, discutiendo y planificando qué hacer con ese dinero extra, porque hasta ahora Ripoll hijo y sus cuestionados laderos únicamente han demostrado ser muy poco inteligentes a la hora de entablar el diálogo. Eso de pelear sectorialmente y adentro de un espacio —antes Renovación y ahora Movimiento por lo que viene— tal vez haya quedado atrás, y quienes intentan continuar con esa forma pasaron de moda sin percatarse.
De manera que nadie puede descartar que alguien vaya por afuera y sea mirado como una opción más que válida, sobre todo si desde el "adentro" consideran que la elección será entre los que tienen el calor de sus oficinas o prebendas y les cuentan a los de "arriba" que ganarán. Eso no alcanza: el vecino espera y busca que el dirigente o candidato sea como él o, cuanto menos, le haga sentir eso. Acá se hace todo lo contrario: se creen "Lulas", salvadores, o deliran con apoyos que no tienen.
"La única verdad es la realidad". En ese marco se desprende que quienes se dicen opción y están lanzados no tienen la verdad porque no viven la realidad. Basta ver cómo se maneja la mayoría, que solamente ha sido empleado del Estado toda su existencia y hoy pretende contarle al vecino que sabe que está difícil la situación. Párrafo aparte para quienes gobiernan y ganan salarios de 700 mil pesos con suerte, pero como los demás, sus autos y su nivel de vida no dicen eso; entonces queda flotando la pregunta: ¿serán estos los gobernantes que necesitamos?
Por ello, tendrán mucho valor electoral quienes vengan de afuera de la política tradicional, y si se manejan con la "suya", más todavía. La garantía más mínima que reciba el vecino sobre la transparencia y cumplir con la palabra empeñada será un factor decisivo en las próximas elecciones municipales. Hasta ahora lo que se desprende es que los candidatos deben esforzarse un poco más...