La leyenda del Karaí Octubre forma parte de una de las tradiciones más arraigadas de Paraguay y también se extendió al nordeste argentino. Cada 1° de octubre, numerosas familias preparan yopará, una comida a base de maíz y porotos, para recibir el mes con abundancia y evitar simbólicamente la llegada de la escasez.
El chef Vidal Domínguez explicó una de las versiones sobre el origen de esta costumbre y la vinculó con la presencia jesuítica entre las comunidades indígenas.
“Una versión es la que introducen los jesuitas entre los indígenas. Octubre, noviembre y diciembre eran épocas de pocas cosechas, y, entonces, ellos, en las reducciones, lo que hicieron fue crear algo como para que el nativo pueda ahorrar en cereales, granos y guardarlos en sus casas para que en esa época, en que no hay buenas cosechas, pudieran tener alimento para ingerir”, relató.
Según esta interpretación, los indígenas consumían los alimentos disponibles sin necesariamente reservar provisiones para los meses de menor producción. Frente a esa situación, los jesuitas habrían impulsado la leyenda del Karai Octubre como una forma de incentivar el almacenamiento de granos.
El relato popular sostiene que el Karaí Octubre es un ser que recorre las viviendas, observa por las ventanas y verifica si existe comida suficiente. Si no encuentra una olla con porotos, locro blanco y un guiso abundante, deja una maldición asociada con la miseria para los meses siguientes.
“Esa es la razón por la que los jesuitas crearon esta leyenda, para que los nativos guardaran los granos suficientes para tener en los meses que no hay buena cosecha. De allí viene esta costumbre que se afianzó en el Paraguay y todo el nordeste argentino también, en donde hay que tener cuidado porque el Karai Octubre tiene que encontrar que hay una olla con locro y poroto y un guiso encaldado, que se prepara todos los 1 de octubre, porque si no, es como que te echa una maldición y eso ya se queda ahí; en esa casa se queda la miseria”, explicó Domínguez.
El chef también mencionó otra hipótesis sobre el origen gastronómico del plato, que aborda en un libro. De acuerdo con esa versión, cuando los españoles llegaron en 1537, las comunidades originarias ya consumían una preparación elaborada con locro y poroto.
“Los nativos ya tenían ese caldo de locro con poroto, es decir, ya era parte de su gastronomía carioguaraní. Lo que los españoles hacen al llegar a nuestras tierras es introducir la leche, el queso, los huevos y algunas verduras, es decir, la fusión de esos insumos españoles es lo que se inserta mucho dentro de lo que era la cocina nativa carioguaraní”, indicó.
De acuerdo con esta mirada, el plato ya existía antes de la llegada europea, aunque el componente simbólico y la leyenda asociada al Karai Octubre habrían sido incorporados posteriormente. Con el paso del tiempo, esa historia quedó instalada como una costumbre típica de Paraguay y se extendió también a otras zonas de la región.
La palabra yopará significa “mezcla” y, en este caso, hace referencia principalmente a la combinación de locro, es decir, grano de maíz, y porotos. La preparación también puede incluir zapallo, diferentes verduras y otros ingredientes.
Una de sus variantes es el jopara morotî, también conocido como jopara kesu, que combina porotos y locro con queso Paraguay. Algunas recetas incorporan además leche o suero, verduras y vegetales.
La preparación comienza habitualmente el día anterior. Tanto el locro como los porotos deben dejarse en remojo y, durante la madrugada o las primeras horas de la mañana del 1° de octubre, se colocan a cocinar.
Tradicionalmente, alrededor de las 5 o 6 de la mañana comienza la cocción en una olla de hierro sobre fuego de leña o carbón, de manera que el plato esté listo para consumirse al mediodía.
El yopará admite además diferentes variantes. Puede prepararse con carne, con una combinación de distintas carnes e incluso con chorizos. La alternativa sin carne es el jopara kesu, elaborado principalmente con queso.
La comida suele acompañarse con mandioca o tortillas y, según la costumbre, también con cerveza. Más allá de los ingredientes elegidos, el sentido simbólico se mantiene: recibir octubre con una olla abundante para alejar la escasez y renovar el deseo de prosperidad.



