El jefe de Estado inició su discurso con una fuerte crítica a la burocracia internacional y señaló el fracaso de las instituciones multilaterales en la resolución de conflictos. Para el mandatario, el organismo se desvió de sus objetivos fundacionales: “Se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar a una casta de parásitos fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados”.
La cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas ocupó un lugar central en la agenda del presidente, quien apuntó contra la inacción de la ONU frente a las actividades británicas en el Atlántico Sur. Milei denunció que el proyecto Sea Lion avanza en la extracción de petróleo en la Cuenca Malvinas Norte bajo licencias unilaterales que la Argentina rechaza por ilegales. El mandatario fue tajante sobre la postura del país: “Malvinas es para nosotros una causa nacional”.
En esa misma línea, el Presidente diferenció la estrategia de su administración respecto de las gestiones anteriores y remarcó que ya se implementaron medidas jurídicas y legislativas para sancionar a las empresas involucradas. El referente libertario marcó una distancia con el pasado: “Durante demasiado tiempo los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva. Nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva”.
Otro de los puntos más duros del discurso estuvo dirigido a la gestión de la emergencia sanitaria global y a las directivas de la Organización Mundial de la Salud. El presidente argentino calificó las políticas de confinamiento como un avasallamiento a las libertades individuales y justificó la decisión de retirar al país de los lineamientos del organismo sanitario internacional.
Al respecto, Milei denunció que las medidas restrictivas no fueron un simple error de cálculo por parte de las autoridades sanitarias mundiales, sino un mecanismo de dominación: “Donde algunos aducen un error de política sanitaria, nosotros vemos un experimento global de control social disfrazado de ciencia”.
El mandatario también vinculó este accionar con el avance de las agendas globales de desarrollo, a las que acusó de imponer regulaciones asfixiantes sobre las democracias liberales mientras se mantiene una postura de neutralidad o silencio ante regímenes autoritarios.
De cara al futuro tecnológico, el presidente rechazó los intentos internacionales de regular el avance de la inteligencia artificial y propuso posicionar a la Argentina como un polo de desarrollo libre de trabas estatales, ofreciendo un marco de beneficios fiscales y responsabilidad limitada para las inversiones del sector.
Para Milei, el temor regulatorio carece de sustento histórico y económico, y comparó el impacto de la superinteligencia con las grandes revoluciones industriales del pasado. El mandatario propuso un camino de desregulación activa: “Ante la inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad”.
Finalmente, el jefe de Estado convocó a los inversores globales a apostar por los recursos naturales y el talento argentino, tras asegurar que el país abandonó definitivamente el modelo de aislamiento económico para consolidar su alianza estratégica con Occidente. El mandatario sintetizó el cambio de rumbo de la política nacional: “Durante demasiado tiempo la Argentina administró su decadencia. Administramos la pobreza, administramos el aislamiento, administramos la irrelevancia. Eso terminó”.

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