Argentina tuvo que sufrir más de la cuenta para imponerse 3-1 a Suiza, en el alargue, e instalarse así en las semifinales de la Copa del Mundo de fútbol. Julián Álvarez y Lautaro Martínez redondearon la noche en Kansas. El próximo miércoles ante Inglaterra, por un lugar en la finalísima.
En pleno estudio y pocas aceleraciones, Argentina se adelantó unos metros y rápidamente encontró la apertura del marcador mediante la pelota parada.
A los 10’ Messi lanzó el centro desde un tiro de esquina que Alexis McAllister conectó de cabeza para el 1-0. El 20 se impuso en el juego aéreo para mandar la pelota al fondo de la red.
Como dato a destacar, la Pulga se convirtió en el máximo asistidor de la historia de estas citas ecuménicas con un total de once pases a gol, superando al alemán Walter Fritz (10).
La tranquilidad no fue parte del libreto a lo largo de esta Copa del Mundo, pero esta vez la Selección le puso paños fríos al manojo de nervios que siempre aparece en este tipo de instancias. Argentina intentó bajar la pelota al césped, generar las jugadas desde su arco y aprovechar el tiempo apremiante de Suiza.
Aunque el resultado no fue el esperado. El elenco europeo se adueñó de la posesión ante la pasividad albiceleste que dejó de generar peligro en la ofensiva -a esta altura hay que hablar de un claro síntoma de falta de creación en el mediocampo-. Para fortuna de Argentina, el árbitro portugués cerró la primera parte.
El complemento se inició de la misma forma, con Suiza adelantando sus líneas y Argentina esperando algún contragolpe. Pisando los 18’, las acciones de riesgo brillaban por su ausencia hasta que Xhaka decidió disparar desde afuera del área encontrando una muy buena respuesta del Dibu Martínez.
Y de tanto avisar finalmente el golpe terminó por concretarse. Fue a los 22’ que el delantero Dan Ndoye encontró un espacio por izquierda para ser habilitado por el mismo Xhaka y rematar por abajo, lejos de la respuesta de Martínez. El 1-1 era más que merecido. Argentina estaba desahuciada, sin ritmo, sin juego.
A los 26’ llegó una insólita expulsión de Embolo que terminó por romper los planes de juego. La doble amarilla por simulación hizo tambalear el futuro de Suiza, que hasta acá fue amo y señor del partido.
Con el repliegue en su campo fue Argentina esta vez la que tomó el dominio del partido. Se generaron tres claras, dos de Messi, incluído un remate de derecha que pasó por al lado del palo izquierdo del arquero en el primer minuto agregado.
Y en la última jugada hasta Licha Martínez intentó una tijera heroica que encontró la respuesta del arquero Kobel. La historia se fue al alargue.
El ingreso de Thiago Almada le dio frescura a la ofensiva albiceleste. El golpe final estaba cerca pero no encontraba a la figura que lo iba a propinar. Ese personaje estaba reservado, tenía nombre y apellido: Julián Álvarez. El Araña se encontró con una pelota del Flaco López para colgarla al ángulo izquierdo del uno, justo en el séptimo minuto del segundo tiempo. Golazo. Imposible para cualquiera.
Con el 2-1 Suiza se fue al ataque sin temor a descuidar su guarida. En ese contexto Argentina lo liquidó con una contra letal. El Toro Martínez se encontró con un rebote de la definición que Thiago no logró cerrar y sentenció el marcador.
La Scaloneta está más viva que nunca.
El próximo miércoles jugará con Inglaterra en otra de las semifinales, pero ese será otro capítulo por contar. Hoy el campeón sigue en pie.





