La escuela de gestión privada, precisamente por su identidad, por su cercanía con las familias y por su capacidad de generar proyectos institucionales propios, puede y debe ser un espacio privilegiado para esta tarea: enseñar a pensar, formar el corazón y vincular el conocimiento con la acción concreta.
No se trata de negar la importancia de los aprendizajes básicos. Al contrario. Hoy más que nunca necesitamos fortalecer la lectura, la escritura, la matemática, la comprensión, la oralidad, la ciencia, la tecnología y la capacidad de resolver problemas. Pero esos aprendizajes no pueden quedar encerrados en una lógica puramente instrumental. Leer, escribir, calcular, investigar y argumentar tienen sentido cuando ayudan a formar personas más libres, más responsables y más humanas.
Si la educación se conforma con adaptar al alumno al mundo tal como está, renuncia a una parte esencial de su misión. Y cuando la escuela renuncia a su misión formadora, corre el riesgo de convertirse apenas en una oficina de gestión de trayectorias, indicadores y certificaciones.
La pregunta, entonces, no es si podemos volver al propósito profundo de educar. La pregunta es si tenemos el coraje institucional, pedagógico y humano de hacerlo ahora. Misiones no puede esperar otra reforma para volver a poner en el centro aquello que nunca debió salir de la escena: el alumno como persona, la escuela como comunidad y la educación como camino de transformación.
Educar no es ser neutral ante la ignorancia, la injusticia, la indiferencia o la deshumanización. Educar no es adoctrinar. Educar es ofrecer herramientas para que cada estudiante pueda pensar por sí mismo, comprender el mundo en que vive y participar en su transformación con libertad, responsabilidad y compromiso.
La cuestión de fondo sigue siendo la misma: para qué proyecto humano, social, cultural y comunitario estamos educando.
Porque una escuela que solo enseña a encajar prepara alumnos para obedecer el mundo. Pero una escuela que enseña a pensar, sentir y actuar prepara personas capaces de transformarlo.
Luis Bogado
Profesor, Licenciado, Abogado, simplemente un Servidor