Delitos de abuso, siniestros viales graves, crímenes cometidos por menores, usurpación, lesiones leves y amenazas son los casos que llegan a las fiscalías correccionales en Misiones. El funcionamiento de la Justicia y el Ministerio Público Fiscal y la importancia de garantizar respuestas ágiles y transparentes para la ciudadanía conllevan horas de trabajo y mucho compromiso.
En tiempos en que la demanda social dé respuestas es cada vez más urgente, hay funcionarios que eligen sostener el oficio con convicción, estudio y una fuerte noción de responsabilidad pública. La titular de la Fiscalía Correccional Uno de Posadas, María Laura Álvarez, es una de ellas.
Con más de una década como parte del Ministerio Público Fiscal en la capital misionera, su nombre comenzó a trascender los expedientes para instalarse también en el debate público, especialmente en causas sensibles.
Hija del recordado abogado Julio Argentino Álvarez, creció entre códigos, apuntes y discusiones jurídicas. Desde sus primeras prácticas en la Cámara Criminal Uno de Corrientes hasta su jura como fiscal correccional en 2012, su recorrido tuvo un camino claro. No hubo dudas vocacionales ni caminos alternativos: ser fiscal fue, desde el inicio, un objetivo. Hoy está pronta a presentar su tesis para Maestría en Ciencias Penales.
En Charlas con El Territorio, la letrada Álvarez repasó los casos que la marcaron, las tensiones de litigar en escenarios complejos, los desafíos que trajeron las reformas procesales y su postura firme frente a delitos viales, violencia y responsabilidad penal juvenil.
También habló de la exposición mediática, de la maternidad en una profesión demandante y de la necesidad de que el derecho penal no sea apenas castigo, sino prevención y orden social.
¿Cómo se inició en el derecho, qué fue lo que la llevó a querer ser abogada y luego fiscal?
Mi padre, Julio Argentino Álvarez, fallecido en septiembre de 2025, era abogado. Él estudió de grande y crecí entre sus apuntes, libros y su pasión por la profesión. Ver cómo vivía el derecho con convicción, honestidad y compromiso me marcó profundamente. Desde muy chica entendí que el derecho no era sólo una carrera, sino una forma de asumir responsabilidades frente a la sociedad.
Siempre me atrajo la rama penal. Durante la carrera fui pasante en la Cámara Criminal Uno de Corrientes y esa experiencia confirmó mi vocación. Al recibirme en 2002 y regresar a Posadas, trabajé con un amigo de mi padre y comencé a transitar los juzgados penales con mis primeros casos. Siempre supe hacia dónde quería ir.
Ser fiscal no era una posibilidad, era un objetivo, para mí era un sueño.
¿Hubo alternativa o siempre tuvo claro ser abogada?
Hice orientación vocacional al terminar la secundaria, pero Derecho siempre fue lo que me movilizó. Nunca dudé realmente.
Trabaja desde 2012 como fiscal correccional, ¿qué casos la marcaron?
En 2012 juré como fiscal Correccional y de Menores Uno. Antes me desempeñé nueve años como directora de Sumarios en la Municipalidad de Posadas.
En estos trece años tuve muchísimos casos, pero me marcaron especialmente aquellos en los que costó llegar a debate por maniobras dilatorias o recursos interminables. Cuando uno está convencido de la prueba, pero el proceso se dilata durante años, la sensación es de desgaste institucional.
Yo soy re dura, pero no hay un debate que no mencione a las víctimas y no me quiebre. Hay una persona que tenía vida, sueños, proyectos detrás de cada expediente. ¿qué era, qué hacía, tenía una familia, sueño, proyecto? esas cosas me sensibilizan.
En lo personal, uno de los casos más significativos —y que incluso es tema de mi tesis de maestría— es la valoración del testimonio de la víctima menor en Cámara Gesell. Elevé a juicio una causa por abuso sexual gravemente ultrajante en perjuicio de una niña, en la que el imputado fue absuelto en el primer juicio. Junto al querellante recurrimos en Casación y el Superior Tribunal anuló la sentencia por no haber sido analizada con perspectiva de género y niñez. Ese fallo fue muy importante. Lo que más me impacta es cuando se desoye reiteradamente a la víctima, a los equipos técnicos, a los peritos psicológicos y médicas. Confío en que en el nuevo juicio se hará justicia.
¿Hubo desafíos a la hora de actuar como fiscal en esta década con tantos cambios en las leyes?
Sí. El Código Procesal Penal de Misiones se reformó en 2013, poco después de mi ingreso. Fue una reforma profunda que incorporó al querellante y los criterios de oportunidad.
Adaptarse implicó estudiar nuevamente el sistema, entender nuevas lógicas procesales y asumir un rol aún más activo en la conducción de la investigación. El derecho penal es dinámico, y el Ministerio Público tiene que estar preparado técnica y estratégicamente para esos cambios.
¿Qué opinión tiene de los delitos de siniestros fatales con conductores ebrios o imprudentes? ¿Por qué pide condenas de prisión efectiva?
Misiones tiene una situación crítica en materia de seguridad vial. En 2024 hubo 205 víctimas fatales según la ANSV (Agencia Nacional de Seguridad Vial) y en 2025 las cifras crecieron más de un 60%, acercándonos a los 300 fallecidos. Somos una de las provincias más pequeñas del país y estamos entre las tres con peores estadísticas.
Hay un problema que es cultural: exceso de velocidad, alcohol, imprudencia reiterada, menores circulando sin protección.
Cuando pido prisión efectiva en casos de conductores alcoholizados que causan muertes, no es por simbolismo. Es porque el derecho penal también cumple una función preventiva y de reafirmación de normas básicas de convivencia. Si la sociedad no percibe consecuencias reales, el mensaje que se transmite es de tolerancia.
Considero que la educación vial debe incorporarse formalmente en las escuelas, pero también debe existir respuesta penal cuando la imprudencia se transforma en tragedia.
¿Cómo es tratar con víctimas de abuso o familiares de víctimas?
Tenemos muchas causas de violencia de género y son las causas con las que más acercamiento tengo, porque son las causas que generalmente llegan a juicio.
A las víctimas yo las cito constantemente, les explico mi tarea, para que no sientan que el Estado las abandonó. Yo siempre en esos casos graves donde hay abusos, muertos, yo acompaño a las víctimas. Siempre les pregunto si están de acuerdo con hacer un juicio abreviado. Muchas veces me dicen que no.
Es por eso que las muertes por accidente de tránsito con alcohol, exceso de velocidad, a mí me importan mucho, porque destruyen.
¿Cree que su labor en “delitos menores”, tiene un impacto real en la prevención de delitos más graves en el futuro?
Absolutamente. Lo que muchos llaman delitos menores son muchas veces la antesala de conductas más graves.
Intervenir a tiempo, imponer reglas de conducta, exigir cumplimiento, evitar la naturalización de la violencia o la desobediencia, es prevención concreta.
El derecho penal no es sólo castigo, es también orden social y límite.
En los últimos años fue más mediática. ¿Cómo toma la repercusión o cómo se lleva con ella?





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